He
dejado olvidada la claridad del día luego que la luna hace aparición en
mi cielo agolpado de nubes...
Con los ojos cerrados, el silencio insolente e inmersa en la
imaginación que fluye y me alcanza en mi tibia habitación, he de haber comenzado a reconstituir una que
otra escena mientras me encontraba abrazada a mi almohada cómplice.
Es así como atrevídas
texturas, comprometedoras sensaciones, abruptos suspiros e insaciables
deseos se acomodaron a mi alrededor y compusieron una extensión de espacio
colmado de consistencia plena en esta carretera de emociones que es... de
lo que está compuesta mi piel.
Con
discreción deje instalar las causas y efectos que produjeron estragos
en mi cuerpo, arrastrando consigo despertares de aquellos que invitan a apasionarse con la agudeza de unas propias manos y finas yemas; que sin culpa alguna quisieron no
abstraerse de un momento mágico, femenino y especial, que conmocionan ofrendando deleite...
Conjugar y ejercitar la
complicidad de mi inocencia junto con la osadía de mi íntima necesidad, es de esos instantes excelsos, que gobiernan nuestros mas recónditos deseos secretos...
Me
puse a merced de mi fascinante naturaleza lúdica y de esas ganas siempre alertas
de hacerme sentir viva y complaciente al momento de satisfacer en una
bendita instancia de persuación y encuentro conmigo misma aquello tan
sublime como hacer de mi propio templo mi más fiel lugar en donde
encontrar refugio de respeto y amor por mi vida.
Existen en nosotras mismas esos que son los motivos
que hacen bello lo maravilloso que es poder conquistarse al alero de un tan
nuestro perspicaz y pertinente placer.